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Bendita Manzana que nos Arropó

Porque la ropa y el estilo que uno lleva constituyen parte de su belleza, hoy me decido a escribir también sobre moda. No sobre lo que este diseñador, Fulano de Mengano, ni este otro individuo, Mengano del Primer Fulano (admirables algunos de ellos) quieren que compremos; tampoco acerca de este color que arrasa y pinta las más recientes pasarelas sólo porque nunca se ha utilizado antes y convierte a Fulano Primero en único e innovador.

Aborrezco seguir la norma y admito que me fastidia cuando algo de temporada me gusta, quizá porque me hubiera gustado llegar allí a mí antes y ponérmelo no porque alguien me lo ha ordenado sutilmente, si tal paradoja existe, sino porque me da la real gana.

Quiero escribir sobre moda, porque me gusta mirar ropa y me paso horas observándola y tocándola; pero tengo que dejar claro que poco sé de nombres, marcas y tendencias. Y que no me importan, dicho sea además. No me importan demasiado, primero porque no me gusta hacer publicidad tan barata que sale gratis, y segundo, porque si me gusta una prenda y me quedo con el nombre del creador, si tengo grandes expectativas, más tarde me desilusiono.

Me suele gustar una prenda de aquí y otra de allá, pero es complicado que porque me apasione un par de vestidos de novia de Victorio Y Lucchino una temporada, me vaya a gustar todo lo que diseñen de ese momento en adelante. 

Aunque me encanta en general su estilo lánguido y femenino como el que demuestran con el impresionante vestido de arriba, siempre pueden aparecer con cosas como éstas, que no favorecen ni a la híper-delgada modelo que han puesto a desfilar.

 

 ¿Quién podría comprar este vestido? La pobrecita ni siquiera puede caminar. Las mujeres reales nunca nos haríamos eso a nosotras mismas. Alguien debería explicar a estos sevillanos que el día más importante de nuestra vida (o uno de los) queremos estar medio favorecidas.

Quiero escribir sobre las prendas que me gustan, como el amante del cuadro cuyo valor no conoce, pero que ciertamente conoce de su valor. Simplemente sobre eso. Sobre diseños, colores y texturas.

Diseños bonitos que a cualquiera favorecerían (siempre teniendo en cuenta que no todos los cortes quedarán bien a todos, porque no todos los cuerpos son iguales). También quiero escribir sobre colores, no porque estén de moda sino porque quedan bien a quien tiene cierto tipo de piel y pelo, y sobre cómo combinarlos, lo que supone todo un arte; y también acerca de texturas, porque éstas son para mí fundamentales. Lo más curioso de una tela es que no hace falta tocarla para saber si ésta es buena o no. Si algo es de piel o de seda saltará a la vista sin necesidad de tener que tocarlo. Su suavidad traspasará, y podrá notarse incluso por la inexperta mirada.

Ah, la ropa… ¿qué haríamos sin ropa? Pues… obviamente, andar desnudos. Pero, como Eva nos salvó de tan estúpida idea (de ver carnes colgando y otros espectáculos desagradables), devorando aquella rica y hermosa manzana, aprovechémonos y vistámonos apropiadamente. Eso como mínimo. Quienes además disfruten de tal maravilla, de semejante arte, esos que se vistan como reyes.

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